Una avanzada del progreso (II)

Joseph Conrad

 De nuevo estoy con vosotros para continuar con otro trozo de este relato del autor Joseph Conrad

a) Lectura placentera:

Tenía tres habitaciones. La del centro era la sala de estar, con dos toscas mesas y unas pocas banquetas. Las otras dos habitaciones eran los dormitorios de los hombres blancos. Por todo mobiliario tenían sendas armaduras de camas y mosquiteros. El suelo, formado de tablones, estaba cubierto por las pertenencias de los hombres blancos; cajas abiertas y medio vacías, ropa de ciudad, viejas botas; todas esas cosas sucias, todas esas cosas rotas, que se acumulaban misteriosamente en torno a los hombres desaliñados.

A cierta distancia de los edificios había otra residencia. En ella, bajo una cruz que había perdido su perpendicularidad, dormía el hombre que había contemplado los comienzos de todo aquello; el que había proyectado y supervisado la construcción de aquella avanzada del progreso. En su país había sido un pintor sin éxito que, cansado de perseguir a la fama con el estómago vacío, había llegado hasta allí gracias a altas protecciones. Había sido el primer jefe de la factoría. Makola había visto morir de fiebre al enérgico artista en la casa recién terminada, con su habitual actitud indiferente de “ya lo decía yo”. Luego, durante un tiempo, vivió solo con su familia, sus libros de contabilidad y el Espíritu Maligno que gobierna las tierras que se encuentran al sur del ecuador. Se llevaba muy bien con su dios. Tal vez se lo había propiciado con la promesa de más hombres blancos con quienes jugar más adelante. De todas maneras, el director de la Gran Compañía Comercial, que llegó en un vapor parecido a una enorme caja de sardinas cubierta por un tejadillo, encontró la estación en buen orden y a Makola tan tanquilamente activo como de costumbre. El Director hizo poner la cruz sobre la fosa del primer agente y nombró a Kayerts para ocupar su puesto. Carlier fue nombrado su segundo. El director era un hombre despiadado y eficiente, que en ocasiones, aunque de manera muy impercetible, hacía gala de un humor siniestro. (Continuará)

b)  Si os gusta dibujar y queréis ilustrar el primer párrafo, os propongo hacer un dibujo de las  habitaciones. A ver quién se anima. En primer lugar, hacéis el dibujo, luego le sacáis una foto o lo escaneáis y, finalmente, me la enviáis a la siguiente cuenta de correo: fernando.zorita@gmail.com

 De los dibujos recibidos elegiré uno y os prometo que lo pondré  en el post, junto al párrafo. Estoy seguro que será una experiencia muy bonita. ¡ Ánimo y participad!

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